La felicidad no consiste en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace.
León Tolstoi
Tenga por seguro que pongo todo mi corazón en cada proyecto que realizo. Si todavía alberga dudas, le invito a conocer mis principios, mi filosofía empresarial.
La gente se reconoce como tal por el sonido de esta voz.
El Manifiesto Cluetrain
¿Qué son para usted los mercados, conversaciones o imposiciones? Cuando inicio un proyecto, invierto una gran parte del tiempo escuchando lo que desea mi cliente, que nunca es un número de expediente sino una persona con multitud de connotaciones y particularidades. Otra parte importante consiste en comunicar lo que he comprendido, y en ocasiones, incluso en discutir otras alternativas que podrían aportar más beneficios. En el transcurso del proyecto, las conversaciones se suceden continuamente y es bueno que así sea porque, de esta manera, el desarrollo es más fluido y las desviaciones, menores.
Sin embargo, como humanos que somos, a veces nos equivocamos. Cuando esto sucede, es importante saber apreciar las críticas y adoptar una actitud constructiva. Muchas empresas huyen de las críticas y pretenden dar una imagen de perfección que dista mucho de ser real. Este comportamiento va asociado a una incapacidad para escuchar a sus clientes, sin los cuales no hay negocio.
Por ello, y sin ánimo de que parezca un cliché, su satisfacción es mi principal interés, y la comunicación, la mejor herramienta para conseguirlo.
No me tenga por un holgazán. Tengo bastante capacidad de trabajo y soy muy estricto con el cumplimiento de mis compromisos. No obstante, el trabajo debe ser lo más ameno y creativo posible, ya que la mente funciona mejor en un ambiente de innovación, es decir, lo menos mecánico posible. Esto redunda en una mayor eficiencia y en ideas aprovechables para sus proyectos.
Los deportistas no sólo entrenan para mejorar su forma física. También cuestionan su técnica diariamente para invertir toda su energía en los movimientos que resultados aportan los resultados óptimos. De igual manera, mis procesos están en continua revisión, ya que su optimización equivale a trabajar menos, a ser más productivo, o si lo prefiere, a centrarme en lo verdaderamente importante.
No deja de resultarme llamativa la auto denominación de líder. Se trata ésta de una palabra tan denostada como seria. La condición de líder la otorga el grupo y suele ser un nombramiento tan natural como unánime. Por ejemplo, IBM fue líder indiscutible en el sector TI entre los 60 y los 80, y Microsoft fue líder en la informática doméstica, entre otros sectores, hasta hace relativamente poco. Hoy en día, en cambio, es cada vez más difícil ostentar el liderazgo en cualquier industria, y mucho menos en una tan dinámica como las tecnologías de la información.
Yo no soy líder en mi sector, y probablemente nunca lo sea, ya que mi concepto de empresa dista mucho de tales paradigmas. A pesar de ello, tengo un fuerte compromiso con la calidad y el éxito, que combinados con la importancia de las TIC, pueden ayudar a su organización a ser considerada, con justicia, líder de su sector.
Da la sensación de que un producto o servicio que se precie tiene que ser perfecto, como si los defectos o los errores no existieran. Pero el hecho es que, aun siendo indeseables, existen y hay que tenerlos en cuenta.
A lo largo de mi carrera y de mi vida, he aprendido que lo esencial no es reducir a cero los imprevistos, sino tener un plan para manejarlos. Desde mi perspectiva como cliente, desconfío de los proveedores que intentan hacerme creer que todo irá sobre ruedas, y suelo fiarme de los que ven el obstáculo, porque sin duda ya están ingeniando la forma de evitarlo.
Aun así, no se preocupe: los errores son inadmisibles tanto para usted como para mí. Quiero que sepa que tengo un plan muy sencillo, consistente en someter cualquier desarrollo a una exhaustiva fase de pruebas que garantiza la estabilidad, escalabilidad y compatibilidad del producto final. Y si, después de todo, su producto sigue fallando, cuenta con una garantía de un año, el doble que la mayoría de las empresas del mercado.
El software libre no es sólo el conjunto de aplicaciones cuyo código podemos obtener y distribuir libremente, ni las licencias que definen los usos que podemos hacer de ellas. Es algo mucho más complejo. Es una forma de vida, una manera particular de entender el mundo. Se trata de la colaboración altruista de muchas partes para obtener un fin común de mayor envergadura. Se trata de la reutilización de ideas, conocimiento y técnicas para construir nuevas soluciones más complejas. Se trata, sobre todo, de otorgar al mundo de las ideas el valor que tiene: ser un vehículo para que el mundo real sea más próspero.
Desde que entré en contacto con la informática, allá por los años 80, siempre he compartido esta perspectiva con mayor o menor precisión. Dicho de otra forma, no concibo un mundo en el que el conocimiento sea cerrado. Mi apuesta por el software libre no se reduce, por tanto, a un puñado de aplicaciones con licencias permisivas o gratuitas. Creo en el software libre como la mejor solución para cualquier necesidad con muy pocas salvedades (Photoshop, Lightroom y algún ERP), y entre otros muchos beneficios, puedo demostrarle el ahorro de costes que puede tener con sistemas open source.
Hay proyectos que no puede acometer un solo profesional. Es entonces cuando surge la necesidad de establecer colaboraciones estratégicas que proporcionen la experiencia, estabilidad o conocimiento necesarios.
En las TIC, especialmente en el desarrollo de software, es impensable el trabajo aislado. Incluso cuando se realiza un proyecto en solitario, existe comunicación e intercambio con otros profesionales. En estos casos resulta de gran utilidad la experiencia en comunidades de desarrollo y el manejo de las herramientas de comunicación más eficaces, las cuales permiten obtener el valor añadido que resulta clave en el éxito del proyecto.
A lo largo de mi carrera, he tenido la suerte de conocer a grandes profesionales, algunos de los cuales forman parte de mi red de colaboradores habituales. De esta manera, cuando acepto un proyecto, éste no sólo se ve respaldado por mis habilidades o mi capacidad de resolución: en momentos de necesidad, sé que siempre puedo contar con un apoyo inestimable y de plena confianza.
Toda organización tiene límites, debido a los cuales surgen las colaboraciones y las uniones temporales. Yo cuento con mi red de colaboradores, lo que me permite acceder a proyectos que individualmente me vería obligado a rechazar. Sin embargo, en ocasiones hay que tener la suficiente honestidad para dejar pasar una oportunidad, ya que aceptarla acabaría perjudicando al cliente.
Pero no es únicamente una cuestión de capacidad o de tiempo, sino de motivación. A no ser que las circunstancias me obliguen, suelo evitar los proyectos que no me apasionan, no por arrogancia, sino porque estoy convencido de que los trabajos excepcionales son fruto de una ilusión encendida.
Servicios TIC adaptados a nuestra época para organizaciones y profesionales.
A través de este portal, le invito a conocer mis servicios y habilidades, además de mis clientes y los proyectos en los que he participado o estoy involucrado actualmente.
Si desea contactar conmigo, puede hacerlo a través de un cómodo formulario o enlazándome en alguna de las redes sociales que frecuento. Me comprometo a responderle en el transcurso del día, a no ser que un desastre me lo impida.
de @emartos